¡Ya está amaneciendo!
Es mucho el camino que aún queda por andar, pero se siente ya el repunte de la Costa Rica que cambia y se renueva para bendición de todos.
El olor a la Costa Rica fresca del amanecer, de tierra joven, flores silvestres, aguas diáfanas y paisajes vírgenes.
El crecimiento bárbaro de su economía no solo está favoreciendo al ciudadano de la calle, sino también al pudiente, para el que nunca nada es suficiente.
La febril actividad comercial en San José, provincias y zonas rurales es síntoma inequívoco de esa pujanza que vibra en el ánimo nacional.
Como los celajes del alba borrando los rastros de la noche, el canto del gallo, el grito del arriero y ese aroma a café, carajo, que levanta al mismo sol.
Desde la señora en el «mall» comprándose su blusa o cartera de presumir, hasta la campesina con su diario de la semana o alimento para sus animales del corral.
Señal de que avanzamos con brújula sin ignorar, desde luego, los rezagos que como sociedad heredamos de gobiernos anteriores en valores, servicios y obras esenciales.
Educación, seguridad, trabajo, salud, vivienda, ambiente, infraestructura, ética…
De ahí la trascendencia de estos primeros destellos de sólida recuperación para una sociedad ávida de reivindicación, transformación y prosperidad.
Nuestras exportaciones de bienes crecieron 8% entre enero y octubre de este año, es decir, en $1.289 millones más, para un total de $16.514 millones.
Lo que sumado al reciente acuerdo comercial con Emiratos Árabes Unidos potenciará aún más, y de qué manera, los mercados de nuestro sector productivo.
Toda una inyección de adrenalina al motor del desarrollo que, junto con otras energías suplementarias, son vitales para alejarnos de cualquier zona de turbulencia.
La dinámica de producción-inversión, riqueza-trabajo y asepsia fiscal-control del gasto público abandera hoy la cruzada ciudadana hacia un futuro digno.
Pese a los muchos diques que aún quedan por dinamitar.
Cuando el año entrante, tras medio siglo de espera, se complete la Circunvalación Sur de los Hatillos y todo su anillo periférico, prometo bailar «La cocaleca» (nada fácil) en media pista con quienes quieran acompañarme.
Ahorro de tiempo, ahorro de combustible y ahorro de bilis, además de menos contaminación, menos accidentes y cero asaltos a los vehículos en ruta.
¡Ay mis andanzas por esos Hatillos, hace 70 años, cuando eran un vasto bosque encendido de árboles de poró con aquel Tiribí inmaculado y repleto de barbudos a tiro de anzuelo!
Jamás hubiera imaginado yo que, años después, la bestia de la civilización irrumpiría por esas planicies, otrora también de citas furtivas e idilios clandestinos, hoy irreconocibles.
Para mayo de 2026, al final de este gobierno, se habrá invertido la suma de $4.651 millones en infraestructura vial, la mayor de la historia, con obras que nos permitirán una movilización de primer mundo (ahora sí) a lo largo y ancho del país.
Me imagino, desde ya, viniendo yo desde Liberia a mi casa, en Tres Ríos, a pura autopista.
Cuando se abracen el tramo Limonal-Barranca con la Ruta 27 ampliada, la Próspero Fernández, Circunvalación Sur y la Florencio del Castillo.
¿Dos horas y media? ¡De ensueño!
O bien por la autopista Ciudad Quesada-Naranjo a pegar con la Bernardo Soto (para entonces ya de seis y cuatro vías), la General Cañas y Circunvalación Norte también hasta Tresrri.
Ahí ya cambiaré de ritmo para entrarle a una conga a todo tambor, la Contraloría mediante.
¿Y cómo pinta la cosa?
Para mayo de 2026, un pelotón de tractores habrá avanzado ya a toda máquina con la ampliación Limonal-Barranca.
Para finales de 2025 se habrá comenzado la punta sur de la Ruta 35 (Naranjo-Ciudad Quesada) y para principios de 2026 el tramo central.
Más Taras-La Lima y esa 32 a Limón a todo fuelle, para llegar más rápido a donde Tencha’s Reloaded o al Caribe profundo de turquesas y calipsos.
Todas estas y otras obras tejerán una prodigiosa red nacional de autopistas que, esperemos, la ínclita «institucionalidad» no aborte.
La otra buena noticia es que el retroceso social y económico que arrastraba el país hasta hace un par de años ya es historia.
Triste historia, sí, pero que hoy se traduce a índices de reducción de la pobreza nunca vistos.
Y de desigualdad social, que también disminuyó al mejorar el acceso de más personas a la riqueza.
Como un anticipo de ese renacer que anhelamos bajo el paradigma de una democracia y una institucionalidad por fin liberadas de tantos gérmenes políticos.
A tono con esto, podemos presumir igualmente de una inflación que ha caído a cifras globales récord, como también de la tasa de desempleo más baja de los últimos años.
En paralelo, el ingreso de los trabajadores subió mucho más que los precios, y el turismo, nuestra «gallinita de los huevos de oro», alcanzó niveles récord de recuperación postpandemia.
El ICE, cuya ganancia este año superó los ¢36 mil millones, nos acaba de anunciar su regalo navideño: una rebaja del 6% en las tarifas de luz durante 2025.
Excelente, pero la agenda-país no da tregua ni para pestañear.
La inseguridad pública, otra bomba de tiempo heredada de anteriores gobiernos, demanda una lucha épica contra dos frentes simultáneos.
El del crimen organizado y el de la institucionalidad pública tradicional.
Ambos haciendo de la justicia y la ley figuras cómplices al servicio de los más atroces delitos del narcotráfico, delincuencia, sicariato e impunidad.
No obstante, a través de una intensa cruzada nacional de seguridad, se han logrado reducir los robos, asaltos y exportaciones de droga a puertos europeos.
Con más delegaciones policiales, investigación, potentes escáneres, equipos, vehículos y un despliegue de autoridad civil en constante crecimiento.
Mucho también se hubiera podido avanzar contra la dantesca ola de crímenes de no ser por esa institucionalidad pública a todas luces en favor del delincuente.
Ya no solo para, antojadizamente, dejarlo libre, sino permitirle lucrativos negocios dentro de la cárcel a costa del mismo estado, es decir, suya, mía y tuya.
Entretanto, y para terminar con una sonrisa, este fin de semana el presidente Chaves y sus ministros recorrerán los más recónditos pueblitos de Upala, Guatuso, Los Chiles, Sarapiquí, La Fortuna y Ciudad Quesada para entregarles un sinnúmero de obras e iniciar otras.
Desde escuelas hasta acueductos, pasando por gimnasios multiuso, equipos médicos y CEN-CINAI, además de un plan maestro para que las comunidades de la franja fronteriza norte, de unas 22 mil personas, recuperen sus tierras y sus derechos sobre ellas.
El camino de los sueños se nos hace siempre demasiado largo, pero una vez que llegamos, queremos ir aún más lejos.