Sobre mí

Durante un tiempo viví confundido con mi columna porque, o me la elogiaban o me la maldecían, hasta que me di cuenta de que eso, precisamente, era lo bueno: que hablaran bien o mal de ella, pero que hablaran.

Eso lo entendí mejor el día que vi un carnicero en Lourdes de Montes de Oca envolviéndole el mondongo a una señora (el mondongo de la res, por supuesto) con una página de periódico donde aparecía la columna que me había costado horas y sesos escribir. A partir de entonces, ya no me quedó ninguna duda: ¡mi columna servía para algo! Y decidí seguir escribiéndola.

Abro un nuevo capítulo con esta página web, que me permite publicar mis más recientes ocurrencias para gusto y disgusto de mis seguidores.